Canal SB - Opinión

“No hay mal que por bien no venga”

Creo que debemos dejar de definirnos como seres racionales. Suena bien, pero no es verdad. Somos seres emocionales que razonamos lo cual es muy distinto.

Lo que prima es la emoción. Eche un vistazo a su vida y va a darse cuenta que el número de opciones realizadas que se han fundado en la emoción supera largamente a las que se han fundado en la razón.

La presunta tranquilidad que ofrece el dinero se basa en varias emociones tales como la seguridad, el reconocimiento, la estabilidad, la autoestima, etc.

Luego vemos que también trae contratiempos en los cuales la emoción no reparó. Si fuéramos seres predominantemente racionales no tendríamos la variedad de emociones contradictorias que nos atacan. ¿Se ha preguntado, alguna vez, cuántas emociones distintas experimenta en un día, en un solo día? Son muchas y unas pueden encontrarse en las antípodas de las otras.

Pasamos con facilidad de la euforia a la tristeza, del entusiasmo al desgano, etc., y lo peor es que casi todos ignoran que las emociones son contagiosas. Y, además, que las emociones negativas debilitan el sistema inmunológico. Por eso en este tiempo de quedarse en casa debemos tratar de mantener las mejores relaciones posibles.

No pelearse jamás delante de los hijos y si fuera posible no pelearse porque los niños perciben las peleas, aunque no las vean o las escuchen. El proverbio “No hay mal que PARA bien no venga…” debería ser tomado en cuenta y aprovechar esta desgracia para profundizar los vínculos con el conjunto de la familia, leer lo que veníamos postergando, hacer planes para el futuro en el cual TODOS intervengan.

Escuche la opinión de sus hijos/as, eso aumentará en ellos su autoestima y fortalecerá su personalidad. No de órdenes sin dar las razones por las que las da.

Ámelos como niños, pero respételos como adultos en potencia. Cuanto más los respete y escuche mayor será el respeto y escucha que recibirá de ellos. No olvide que a partir de los 10 o 12 años comenzará la adolescencia y ese es un período para el que debemos reservar el mayor grado de comunicación con nuestros hijos.

Se ponen un poco raros, pero eso es ABSOLUTAMENTE NORMAL. Escúchelos, no los atosigue con preguntas, respete su privacidad, en suma, no rompa los lazos de amor existentes pues ellos están viviendo transformaciones orgánicas muy profundas y eso altera su carácter. Sea tolerante y verá como los lazos familiares se aflojan un poco, pero después todo vuelve a su sitio.

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